Hola, soy Juan, psicólogo y cofundador de Centro Terapéutico Elune.
Quise escribir esta guía porque, cuando una persona comienza a pensar en asistir a terapia, suele aparecer una pregunta muy común: “¿Necesito ir a terapia?”
Muchas veces, la respuesta es que sí. Hay algo que preocupa, incomoda o se viene arrastrando hace tiempo. Sin embargo, incluso cuando existe esa sensación, la decisión se termina posponiendo. Hasta que pasa algo: ocurre un evento, el malestar aumenta o alguien cercano nos dice algo que finalmente nos lleva a tomar la decisión.
En mi experiencia acompañando a distintas personas, esto es bastante común.
Razones para asistir a terapia hay muchas. Creo que, en general, las personas tienen una idea más o menos clara de lo que puede hacer un psicólogo: acompañar procesos relacionados con la ansiedad, el estado de ánimo, la identidad, los problemas en los vínculos, la dificultad para establecer límites, la toma de decisiones y muchas otras experiencias.
Por eso, lo que busco con esta guía no es agregar más contenido a ese mar de información sobre lo que se hace en terapia. Lo que me parece más interesante es que podamos hacernos un par de preguntas juntos, tú como lector y yo como psicólogo:
Si sabemos para qué sirve la terapia y pensamos que podría ayudarnos, ¿qué hace que la sigamos posponiendo?
La respuesta a esta pregunta es muy personal y, por supuesto, cada motivo es válido.
Puede haber dificultades económicas, falta de tiempo o limitaciones materiales muy concretas. Hay personas que trabajan y estudian, que tienen más de un trabajo, que cuidan a otras personas o que sostienen un ritmo de vida tan demandante que, al terminar el día, queda muy poco tiempo para sí mismas.
Y creo que vale la pena detenernos en esa frase:
Queda poco tiempo para uno.
Me gustaría que la leyeras nuevamente y que intentáramos tomarle el peso.
¿Qué significa tener poco tiempo para uno?
A veces significa entregar todo nuestro tiempo, energía y atención a las responsabilidades del día. Y cuando empezamos a sentirnos mal, guardamos lo que nos pasa para poder seguir funcionando.
Pero ¿hasta cuándo puede una persona simplemente “seguir funcionando”?
Eso también depende de cada uno. Por eso, mientras lees esta guía, te invito a detenerte un momento y hacerte estas preguntas pensando en tu propia vida.
Por lo general, seguimos funcionando hasta que aparece otro: un amigo, una pareja, un hermano, una madre, un padre o incluso un hijo o una hija. Alguien que nos observa desde afuera y nos muestra algo que nos cuesta ver:
“Quizás necesitas ir al psicólogo.”
“Tal vez un profesional podría ayudarte con esto.”
Creo que ese momento es importante, porque puede mostrarnos la dificultad que tenemos para observarnos y cuidarnos.
No ocurre así en todos los casos, pero es algo que he visto repetirse muchas veces. Por eso te propongo hacerte estas preguntas: para que podamos observar si nos está costando vernos, escucharnos o cuidarnos. O quizás no. Esa respuesta también será personal.
¿Tengo que estar muy mal para consultar?
No.
Muchas veces creemos que debemos esperar hasta sentirnos completamente sobrepasados, hasta que el malestar sea insoportable o hasta recibir un diagnóstico para pedir apoyo. Sin embargo, no es necesario llegar a ese punto.
A veces basta con tener una duda, encontrarse frente a una situación que no sabemos cómo resolver o sentir que necesitamos un espacio para detenernos y mirar lo que estamos viviendo desde otra perspectiva.
La psicoterapia no consiste solamente en tratar un problema de salud mental. También puede ser un espacio para buscar bienestar, cuidarse, comprender una experiencia, tomar decisiones, enfrentar un cambio o construir nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con otras personas.
Cada persona puede establecer un objetivo muy personal para asistir a terapia. Por eso, una buena forma de comenzar es preguntarse:
- ¿Por qué estoy pensando en la terapia como una opción?
- ¿Hay algo que necesito comprender, resolver o cambiar?
- ¿Qué espero encontrar en este espacio?
- ¿Qué me está resultando difícil sostener por mi cuenta?
- ¿Hay alguna situación que se está repitiendo y no sé cómo abordar?
- ¿Qué me gustaría que fuera diferente en mi vida?
No es necesario tener estas respuestas completamente claras antes de consultar. De hecho, una de las funciones de las primeras sesiones es ayudarnos a formularlas.
Hay personas que llegan sabiendo exactamente qué quieren trabajar. Otras solamente sienten que algo no está funcionando como quisieran. Ambas formas de llegar son válidas.
Algunas señales que conviene atender
No existe una lista que pueda determinar automáticamente quién “necesita” terapia. Tampoco una emoción aislada significa necesariamente que exista un problema.
Más que preguntarnos solamente qué emoción está presente, puede ser útil observar su intensidad, frecuencia, duración, rigidez y el impacto que está teniendo en nuestra vida cotidiana.
Ánimo
La tristeza, la irritabilidad, la desmotivación y la sensación de vacío forman parte de muchas experiencias humanas.
Sin embargo, puede ser importante pedir apoyo cuando estas emociones están presentes durante gran parte del tiempo, se mantienen por un período prolongado o empiezan a dificultar actividades cotidianas, relaciones o proyectos que son importantes para la persona.
Ansiedad y preocupaciones
La ansiedad cumple una función y no siempre es un problema. Nos ayuda a anticipar riesgos, prepararnos y responder a determinadas situaciones.
Conviene prestarle atención cuando se vuelve constante o rígida, cuando aparece una y otra vez en ciertas situaciones, cuando nos lleva a evitar experiencias importantes o cuando comienza a limitar nuestras decisiones, relaciones y proyectos.
Por ejemplo, cuando el miedo a equivocarnos nos impide intentar cosas nuevas, cuando la ansiedad en situaciones sociales nos lleva a aislarnos o cuando las preocupaciones ocupan gran parte del día y cuesta desconectarse de ellas.
Estrés
El estrés puede ser una respuesta esperable ante situaciones exigentes. El problema aparece cuando empieza a sentirse permanente o crónico, cuando no existen oportunidades suficientes para recuperarse o cuando sentimos que debemos mantenernos constantemente alertas, disponibles o sobrepasados.
Sueño, energía y funcionamiento cotidiano
También conviene observar los cambios persistentes en el sueño, el cansancio, la concentración, el apetito, la energía o la capacidad para comenzar y terminar actividades.
Estas señales son especialmente importantes cuando empiezan a afectar el trabajo, los estudios, las relaciones, el cuidado personal o las actividades cotidianas.
Relaciones
La psicoterapia puede ayudar cuando los mismos conflictos se repiten, cuesta poner límites, existe un miedo constante al rechazo, resulta difícil comunicar necesidades, sentimos aislamiento incluso cuando estamos acompañados, o en general sufrimos en nuestras relaciones, pero no sabemos qué pasa o qué hacer.
Experiencias difíciles y cambios vitales
Un duelo, una separación, experiencias de violencia, un cambio laboral, migración, dificultades económicas, las responsabilidades de cuidado o cualquier transformación importante pueden requerir un espacio de acompañamiento.
No todas estas experiencias constituyen una enfermedad o un trastorno. Muchas veces se trata de situaciones difíciles que necesitan ser comprendidas, elaboradas y acompañadas.
El malestar no siempre está solamente dentro de la persona
En Elune consideramos que las emociones y las dificultades no pueden comprenderse separadas de la historia y del contexto de cada persona.
A veces, aquello que sentimos está relacionado con patrones, aprendizajes o experiencias personales que podemos trabajar en terapia. Pero, en otras ocasiones, el malestar es una respuesta comprensible frente a condiciones externas: jornadas laborales extensas, inestabilidad económica, sobrecarga de cuidados, falta de redes, discriminación, violencia, problemas familiares o dificultades para acceder a derechos y servicios.
La terapia no puede resolver por sí sola estas condiciones. Tampoco debería responsabilizar a una persona por no lograr adaptarse indefinidamente a situaciones que le hacen daño.
En estos casos, el espacio terapéutico puede ayudar a comprender qué está ocurriendo, reconocer necesidades y límites, tomar decisiones, fortalecer redes de apoyo y distinguir qué aspectos podemos trabajar personalmente y cuáles requieren cambios, apoyos o acciones fuera de la consulta.
Hay malestares que pueden trabajarse dentro de la terapia y otros que nos indican que algo debe cambiar afuera de ella.
Poder reconocer esa diferencia también forma parte del proceso.
¿Qué temas pueden abordarse en psicoterapia?
Entre otros, un proceso puede acompañar:
- La comprensión de la ansiedad y las preocupaciones.
- El estrés y la sensación de estar constantemente sobrepasado.
- La tristeza, la irritabilidad, la desmotivación o la pérdida de interés.
- La autocrítica y la relación con uno mismo.
- Los duelos, las separaciones y los cambios importantes.
- Los vínculos, la comunicación y el establecimiento de límites.
- Las experiencias traumáticas o de alta exigencia emocional.
- La identidad y los procesos de autoconocimiento.
- La toma de decisiones y los proyectos personales.
- La búsqueda de propósito, bienestar o una vida más coherente con los propios valores.
El objetivo no es únicamente hacer desaparecer las emociones incómodas.
También buscamos comprender por qué están presentes, cómo se construyeron, qué nos están mostrando y qué podemos hacer frente a ellas. A veces se tratará de aprender nuevas formas de responder. Otras veces, de tomar una decisión, poner un límite, pedir ayuda o cambiar alguna condición de nuestra vida.
¿Cómo son las primeras sesiones en Elune?
En Centro Terapéutico Elune comenzamos con una etapa inicial destinada a comprender qué te trae a consulta y qué necesitas de este espacio.
Durante las primeras sesiones conversaremos sobre lo que estás viviendo, tu historia, tu contexto actual, las dificultades que has identificado y lo que esperas encontrar en la terapia; y si es necesario, desde la sesión 1 empezamos a tomar acciones concretas.
No es necesario que llegues con un relato perfectamente ordenado ni que cuentes todo en la primera sesión. La comprensión se construye gradualmente, respetando tu ritmo y aquello que te sientas preparado para conversar.
A partir de estas primeras conversaciones podremos:
- Comprender mejor qué está ocurriendo y qué factores están influyendo.
- Identificar tus necesidades, fortalezas y recursos disponibles.
- Construir objetivos concretos y significativos para ti.
- Evaluar si la psicoterapia es el espacio adecuado para lo que necesitas.
- Orientarte respecto a otros apoyos, profesionales o acciones que podrían ser necesarios.
Esta etapa inicial también puede dar como resultado que no necesites iniciar un proceso prolongado.
Tal vez algunas sesiones de orientación sean suficientes. Quizás sea recomendable consultar a otro profesional. También puede ocurrir que la principal dificultad requiera cambios o apoyos que se encuentran fuera de las cuatro paredes de la consulta.
Lo que queremos no es convencerte de permanecer en psicoterapia. Es ayudarte a comprender qué está ocurriendo, intentar mostrarte dónde podría estar la dificultad y ofrecerte una orientación honesta respecto a cómo podemos ayudarte.
Entonces, ¿necesito terapia?
¡Depende! No siempre es posible responder esa pregunta antes de una primera conversación.
Pero no tienes que demostrar que estás “lo suficientemente mal” para consultar. Tener dudas, necesitar orientación, querer comprender algo o buscar un cambio ya son motivos válidos para solicitar una primera sesión.
A partir de ese encuentro podremos pensar juntos qué está pasando, por qué puede estar ocurriendo, qué dificultades hay y si un proceso psicoterapéutico tiene sentido para ti.
Quizás la pregunta no sea solamente “¿necesito terapia?”, sino también:
“¿Qué me ha llevado a pensar en ella y qué necesitaría encontrar en ese espacio?”
Responder esa pregunta puede ser un buen primer paso.
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Puedes agendar una primera sesión para comprender lo que estás viviendo y evaluar si la psicoterapia es el apoyo adecuado para ti.
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